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PSA Madrid: así se blinda una fábrica de coches contra el coronavirus

La planta de Villaverde establecerá pausas de cinco minutos cada hora para permitir que los empleados se laven las manos y desinfecten las herramientas. Además, los trabajadores de grupos de riesgo no se reincorporarán en un principio. Distancia y protección individual, los principales ingredientes contra la Covid-19.

PSA Madrid, parada por la Covid-19.
PSA Madrid, parada por la Covid-19.

Cada día que pasa, la vuelta a la actividad está más cerca. Sin embargo, eso no va a implicar el retorno a la normalidad ni mucho menos. La vida ha cambiado radicalmente en mes y medio y esa realidad también se va a trasladar a las fábricas de automoción, que empiezan a preparar cómo será el día después al gran parón provocado por la Covid-19.

En ese contexto, PSA Madrid ha organizado una jornada con la prensa para explicar qué medidas ha implementado en el centro de Villaverde para que se pueda retomar la producción del Citroën C4 Cactus y las preseries del Citroën C4, como se denominará muy probablemente el nuevo modelo que con tanto celo empieza a nacer en la planta.

Las prevenciones que ha tomado la dirección van en la línea de la utilización de equipos de protección, aumentar la separación entre los trabajadores y de aislar cualquier caso sospechoso. De hecho, esta última precaución lógica casi provoca que el redactor de La Tribuna de Automoción no pueda acceder al interior de la fábrica.

Nada más pasar la barrera del parking, un empleado se dirige a nuestro coche con un dispositivo para medir la temperatura. A través de la ventanilla bajada, apunta a la frente y, con cara de preocupación, dice que no podemos pasar al centro porque le marca 37,8 grados y el límite para acceder en PSA Madrid es de 37,5, al igual que indica el protocolo firmado por patronales y sindicatos adelantado por este medio.

Vuelve a intentarlo y le indica 38 grados, a la vez que se enciende una luz roja. Nos pide que bajemos del vehículo y anuncia que probará más tarde porque la calefacción del coche —a pesar de que el climatizador marca 22 grados— a veces distorsiona el resultado. Un minuto después, y con una temperatura exterior de 13,5, le indica 36,6, por lo que somos actos, se disculpa y nos facilita una mascarilla quirúrgica, gafas y un bote de gel hidroalcóholico con una concentración de 70 grados de alcohol.

Mascarillas para no contagiar

En teoría, el mismo equipamiento que entregarán a los empleados a la entrada, con la diferencia de que habrá dos mascarillas (una cada cuatro horas), a menos que utilicen el transporte público, aunque no lo recomiendan. En este caso, serán cuatro, para emplearlas también a la ida y la vuelta. No obstante, las mascarillas quirúrgicas, en teoría, impide contagiar la enfermedad a un tercero si se es portador, pero para no contraerla haría falta una del tipo Ffp2. Esto quiere decir que dentro de la planta no hay problema, porque si todos la utilizan no habrá contagios, pero para el transporte público no serían suficiente.

Detector de temperatura de PSA Madrid.
Detector de temperatura de PSA Madrid. Foto PSA.

Un aspecto que sí habría pulido la empresa es que, en un principio, los operarios iban a emplear solo las pantallas faciales de protección (cubren desde la frente hasta la barbilla con un plástico transparente y sustituyen a las gafas, pero no a las mascarillas) solo cuando estuvieran a poca distancia, por ejemplo, en el área de puertas, pero al final se va a facilitar a todos los trabajadores de cadena, con independencia de su separación.

En relación a la dificultad de detectar la fiebre, los empleados no van a tener el problema que hemos tenido nosotros con la sensibilidad de las pistolas de medición de temperatura porque, para entonces, la intención de PSA es instalar dos arcos con cámara termográficas, uno para el área de oficinas y otro para la planta de montaje.

Los empleados de los grupos de riesgo no tendrán que trabajar

El fabricante francés ha sido particularmente sensible con las personas que pertenecen a grupos de riesgo para evitar casos graves de coronavirus y, «al menos durante el arranque», no tendrán que acudir a la fábrica, aunque «seguirán cobrando», aclaran.

Otra de las medidas que se ha tomado es la de dejar aisladas durante tres horas las cajas de proveedores que vengan de un destino no habitual, porque «el virus duran alrededor de este tiempo en superficies inertes», afirman.

Dentro de las iniciativas para asegurarse que haya distancia entre las personas, se han establecido indicadores en el suelo de la fábrica para que sean conscientes de donde deben situarse, también en las salas de reuniones, en las máquinas expendedoras de comida y bebida (las fuentes están precintadas), en las mesas y hasta en la sala de espera del centro médico, donde también se ha habilitado una habitación de aislamiento. Además, se ha clausurado uno de cada dos urinarios para garantizar la separación. En cuanto al uso de los vestuarios, se recomienda que acudan con la ropa de trabajo ya desde casa.

Desinfección en PSA Madrid.
Desinfección en PSA Madrid. Foto PSA.

La distancia también se buscará durante el montaje de vehículos y se establecen áreas para cada operario de las que no podrán salir. En caso de que no puedan acabar el trabajo en esa zona, tienen que llamar al supervisor con el timbre, para que finalicen esa operación en concreto.

Pausas de cinco minutos cada hora

Además de las pausas fijadas en el convenio colectivo para el descanso de la plantilla, se ha estipulado que cada hora se realice una parada técnica de cinco minutos para poder lavarse las manos y limpiar los puestos de trabajo. Durante el primer día también se realizará una formación de media hora y los 10 minutos de cada jornada se dedicarán a higienizar los utensilios de montaje. Asimismo, los primeros días se detendrá la línea en diferentes ocasiones para realizar comprobaciones de calidad.

La limpieza y la higiene es una obsesión para PSA, por eso se van a desinfectar las zonas comunes cada dos horas como mucho y también emplean un camión cisterna para rociar los exteriores con una solución que contiene un 10% de hipoclorito (lejía) y un 90% de agua.

En cuanto a la posibilidad de realizar test a los empleados, de momento, se ha rechazado porque los rápidos no han demostrado fiabilidad. No obstante, la dirección de la planta —y el Comité de Empresa, que ha dado el visto bueno— estima que el protocolo es más que suficiente para garantizar la salud y poder activar, si el mercado y los proveedores lo permiten, la producción.

Un hecho necesario para no mermar más la economía del fabricante y de los empleados, pero también para quitar el velo de tristeza que cubre una fábrica parada y con los coches tapados con lonas. Un buen reflejo de la situación general del país.

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